¿A quién iré? 3ª parte

Juan 15: 5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”

 

Al recibir la nueva vida en Cristo, ya no solo vivimos la vida natural que Dios nos ha dado, sino que tenemos una nueva vida espiritual para vivir. Y no nos podemos conformar a vivir solo la vida natural.

Estamos destinados a llevar fruto en la nueva vida:

Ester 4: 14 “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”

Juan 12: 23, 24 “Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

 

El Señor nos ha hecho sarmientos porque su voluntad para nosotros es que llevemos fruto. El sarmiento solo tiene sentido si es para llevar fruto.

El estar unidos a Jesús, ser llenos del Espíritu Santo, amar con el amor de Dios, ser sus discípulos, dar fruto y que el Padre reciba la gloria es lo que nos dará una vida completa, v. 11  “os he contado estas cosas para que participéis en mi alegría, y vuestra alegría sea completa.”

 

¿Por qué iremos a Jesús? Porque sólo en él podemos dar fruto. Sólo en Jesús tenemos una vida relevante.

Cuando Jesús habla de la higuera espera que tenga algo más que hojas, espera que tenga higos. Porque cuando hablamos de dar fruto estamos hablando de dar algo.

 

Llevar fruto significa que la gloria de Dios se está manifestando en nosotros y por otro lado cuando llevamos fruto le estamos dando gloria a Dios.

Si queremos saber si la gloria de Dios se está manifestando en nosotros y entre nosotros entonces tenemos que mirar si estamos dando fruto, Juan 15: 8 “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

Y si quieres saber si con tu vida le estás dando gloria a Dios mira si estás dando fruto, mira si estás haciendo la obra de Dios, Juan 17: 4 “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.”

 

Llevar fruto es dar conforme a lo que somos, dar conforme a nuestra identidad, a nuestra esencia. Llevar fruto es ser discípulos de Jesús.

1.Damos fruto con nuestro comportamiento, un comportamiento conforme a Jesús, guiados por el Espíritu Santo, 1ª Pedro 2: 12.  Un comportamiento que desecha las obras de la naturaleza carnal, Gálatas 5: 19-22.

2.Damos fruto con nuestras buenas obras, Mateo 5: 16.

3.Damos fruto cuando hacemos a otros discípulos de Jesús, Mateo 28: 19, 20.

4.Damos fruto cuando oramos conforme a su voluntad. Y Jesús nos garantiza respuesta a nuestras oraciones cuando lo que pedimos es para dar fruto, Juan 15: 16.

 

Unidos a la vid verdadera, unidos a Jesús es que podemos llevar fruto. Y permanecemos unidos a Jesús cuando su palabra permanece en nosotros, es decir cuando mantenemos relación con la palabra del Señor. La palabra del Señor es herramienta clave para ser discípulo y llevar fruto.

 

Además el Señor nos limpia con su palabra para que permanezcamos en la vid y para que volvamos a llevar fruto. Prestemos atención a la palabra que se siembra para que no venga el enemigo y la robe. Quitemos piedras para que eche raíces profundas. Quitemos espinos para que cuando comience a crecer no la ahogue.

 

Sin duda que, como Jesús quiere que demos fruto, seguirá trabajando en nosotros y dándonos nuevas oportunidades,

Lucas 13: 6-9 “6 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8 Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.”

Hoy Jesús te dice que te da una nueva oportunidad, que no te rechaza ni abandona, que va a seguir trabajando en ti, que va a poner nuevos recursos en ti. Todo para que des fruto, que es para lo que de verdad estás destinado.

 

 

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