¿A quién iremos? 2ª parte

Juan 6: 68, 69

68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

Estamos decididos a que este año no sea igual. Queremos lo nuevo de Dios, necesitamos ser renovados. Esta es nuestra esperanza y estamos dispuestos a cambiar y a trabajar.

Aquellos discípulos estaban rodeados de la opresión a la que les sometía el imperio romano, estaban rodeados de necesidad, estaban rodeados de una sociedad religiosa rígida, y estaban llenos de ellos mismos, de lo que creían, pensaban, de su comportamiento y hechos.

Pero sabían que en Jesús habían encontrado un manantial de nueva vida en medio de aquel sequedal, en Jesús tenían lo nuevo.

Isaías 43: 19 “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.”

Isaías 44: 3 “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos”

¡¡Sólo Dios puede dar agua en medio de la tierra seca!! No importa lo seca que esté tu tierra, o lo llena de espinos que esté. Solo Dios puede producir verdadera renovación de vida.

 

¿Por qué voy a ir a Jesús?

¡Porque en Jesús está el manantial de vida!

¡Porque en Jesús hay más de Dios!

Porque sólo en Jesús tengo lo nuevo de Dios.

Si Jesús nos dijo que él había venido para darnos una nueva vida en abundancia es que esta clase de vida no la podemos encontrar en ninguna otra persona, en ningún otro lugar, en ningún otra cosa.

Pero,

¿de verdad tienes hambre de esta clase de vida?

¿tienes hambre de Dios?

¿eres consciente de que estás necesitado de una renovación?

 

¿Por qué voy a ir a Jesús?

Porque en él tengo la fe y el poder para quitar de mi vida lo que me estorba en la carrera que tengo por delante, para recibir más de Dios, para recibir lo nuevo de Dios.

Pero tenemos que ser conscientes de que no podemos recibir mas de Dios si estamos llenos, llenos de otras cosas que nos apartan de Dios.

Renovemos nuestro compromiso de fe en el Señor Jesucristo, tomando la firme decisión de entregarle nuestra vida y vaciarnos de lo que impide ser llenos de Dios.

Romanos 12: 1, 2 “1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

 

No estoy llamado a ser amoldado por este mundo, a conformarme a este mundo, a llenarme de este mundo, sino a crecer a la imagen de Jesús, liberándome de lo que me estorba, a llenarme de lo nuevo que Jesús tiene para mí.

Como nos enseña Hebreos 12: 1, 2 “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe,” con la ayuda de Jesús despojémonos del peso y del pecado para seguir y que nada nos estorbe en la carrera que tenemos por delante.

¡Vacíate de lo que te estorba para ser lleno de lo nuevo de Dios!

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