ACUÉRDATE DEL SEÑOR

Isaías 64: 5

 

“Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos”

 

El Señor está saliendo al encuentro de los que se acuerdan de él.

El Señor quiere encontrarse con nosotros porque hay un futuro.

Pero este futuro no está garantizado, hay verdadero y serio peligro de marchitarse en los días que vienen como dice el versículo 7.

Que lo que habíamos edificado hasta ahora, pueda quedar destruido como dice en el versículo 11.

Y que comencemos a atravesar una etapa de desierto, como dice el versículo 10.

 

Pero como hemos dicho, el Señor quiere encontrarse con nosotros y no para un encuentro vano, inútil, vacío, religioso, sino para hacer su obra en favor de los que confían y esperan en él, Versículo 4: “Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera”

Quiere hacer lo contrario de lo que se está diciendo que nos espera en el futuro, quiere hacer cosas extraordinarias, que ni siquiera imaginábamos que podían ser hechas.

 

 

Acordarse del Señor es:

 

*Desearle y necesitarle. Por lo que tenemos que comenzar un tiempo de búsqueda y clamor. Para que se echada fuera de nosotros la indiferencia con respecto a Dios.

*Querer andar en su caminos. Por lo que tenemos que entrar a un tiempo de invocar al Señor. Esto implica más que clamar, que es lo que hacemos cuando tenemos una necesidad. Para que sea echado fuera el egoísmo y nos dispongamos para Dios, para hacer lo que él quiere, hacer su voluntad, vivir haciendo lo que es justo.

 

¡Dios quiere tener encuentros maravillosos con nosotros!

 

 

Entonces lo primero que tenemos que hacer es dar comienzo a un tiempo de clamor que pide la ayuda divina:

 

*Es pedirle ayuda para que en nosotros surja tanto el deseo como la disponibilidad para buscarle, porque el Señor quiere ayudarnos, Filipenses 2: 13 “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”

*Es pedirle ayuda para ser impulsados en transitar por el camino de hacer lo que él nos dice.

*Es pedirle ayuda para entrar en un proceso donde seamos transformados, y salir de nuestro lugar de comodidad, salir de nuestras cuevas  y entrar a un nuevo tiempo (como ocurrió con Elías en el monte Horeb, 1 Reyes 19).

Salmo 63: 1-8

1Dios, Dios mío eres tú;

De madrugada te buscaré;

Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,

En tierra seca y árida donde no hay aguas,

2Para ver tu poder y tu gloria,

Así como te he mirado en el santuario.

3Porque mejor es tu misericordia que la vida;

Mis labios te alabarán.

4Así te bendeciré en mi vida;

En tu nombre alzaré mis manos.

5Como de meollo y de grosura será saciada mi alma,

Y con labios de júbilo te alabará mi boca,

6Cuando me acuerde de ti en mi lecho,

Cuando medite en ti en las vigilias de la noche.

7Porque has sido mi socorro,

Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

8Está mi alma apegada a ti;

Tu diestra me ha sostenido.

 

David buscó y clamó al Señor.

Reconoció que estaba sediento de experimentar la presencia y el poder de Dios. Sediento de adorarle en espíritu y en verdad.

David se acordó del Señor día y noche y la mano del Señor lo sostuvo, lo fortaleció y prosperó en él su obra.

 

Pero David hizo algo más que clamar. David invocó el Nombre del Señor.

 

Isaías 64: 7 “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti”

 

Claro que el Señor responde al clamor de su pueblo.

Recordemos el episodio del pueblo en la esclavitud de Egipto, Éxodo 2: 23-25. Dios escuchó el clamor de sus hijos y los libró de la aflicción.

Pero Dios está esperando no solo el clamor de su pueblo sino gente que lo invoque como hizo Moisés.

 

Invocar al Señor es más que clamar.

Es poner al Señor en el centro de un asunto, recordándole su obra de otros momentos y argumentando con su promesas.

Y ponerse a disposición para tomar un compromiso en el obrar del Señor.

 

Isaías 64: 7. Llamar al Señor para apoyarse en él y no en nuestros propios recursos. Es escuchar su consejo y dirección y no las voces que nos llegan.

Vs. 4. Esperar en él, confiar, no precipitarnos, sabiendo que él es fiel y bueno y cumplirá su palabra.

Vs. 6, 9. Reconocer el pecado y pedir ser limpiados.

Vs. 8, 5. Dejarse transformar, especialmente para abandonar caminos de pecado e iniciar caminos de justicia.

Vs. 10, 11. Preocuparse e interceder, ahora no por nuestras situaciones sino por las del pueblo de Dios.

Vs. 12, 1-3. Tener un deseo profundo de que él intervenga y se manifieste poderosamente.

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