Camino, Verdad y Vida

Reivindicar. Pedir lo que es tuyo, exigir lo que te corresponde.

Solo tenemos que mirar con un poco de atención a nuestro país para ver que la gente, y la gente agrupada en colectivos, está pidiendo en las calles lo que entiende que le corresponde.

También hay otras reivindicaciones, más particulares pero que las hacen públicas, como pedir ayuda para una determinada intervención quirúrgica fuera de nuestro país.

 

La cuestión es que no podemos decir a la ligera que están mal, entre otras cosas porque no nos hemos puesto sus zapatos. Es decir, si estuviéramos en su lugar, quizás haríamos lo mismo que ellos.

¿Entonces qué podemos hacer?

Si quieres ayudar estudia bien lo que piden y si entiendes que es necesario ayudar entonces hazlo. Quizás añadiendo tu firma o ofreciendo una colaboración económica, u otro tipo de ayuda.

Si nosotros estuviéramos en esa situación tendríamos que pensar qué nos gustaría que los demás hicieran. Realmente esto es verdadero cristianismo, querer para los demás lo que queremos para nosotros (Mateo 7: 12 «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos»).

 

 

 

 

 

Pero también cada uno de nosotros tenemos en nuestro corazón reivindicaciones que necesitan ya soluciones o respuestas. Y quizás muchas de ellas no nos atrevemos a contarlas porque son tan particulares o tan íntimas que no deberían ser llevadas a una manifestación a la calle.

Nuestro corazón está pidiendo a gritos ayuda pero no podemos coger un megáfono para hacer que todos se enteren. Podemos decir sí, yo entiendo a todos esos colectivos que están pidiendo ayuda, y si puedo los ayudaré, pero yo también necesito ayuda.

Quizás sea una debilidad que te daña y hace daño a los seres queridos que te rodean, o el derrumbamiento del matrimonio, o de algún hijo. ¿Y a quién le puedes contar cosas así?

¡Hay gritos del corazón que no se pueden sacar por la boca!

 

Todos tenemos gente que nos puede ayudar, familiares, amigos. Lo que ocurre es que la gente que nos rodea nos puede dar cariño, pero no pueden estar 24h con nosotros o no tienen ese consejo sabio para problemas tan profundos de tal manera que obtengamos la mejor salida.

También tenemos expertos a los que podemos recurrir. Y su ayuda es necesaria, pero no pueden acompañarnos en el camino para controlar todo lo que hacemos, y no todos pueden ofrecernos esa empatía que a veces es lo que más necesitamos.

 

¿Qué camino os propongo explorar? Os propongo experimentar amistad con Jesús.

Y si ya eres creyente tienes que saber que la vida de fe pasa por momentos donde no se está tan cerca de Jesús como se cree. Entonces te propongo profundizar tu amistad con Jesús.

 

Atrévete a caminar dado de la mano de Jesús, sin tener que dejar de estar al lado de tu gente querida, o sin dejar a un lado la oportuna ayuda del experto.

Y te propongo esto porque por experiencia propia y por las experiencias que otros me han contado, se que este camino es el más excelente.

¿Por qué este camino es el más excelente?

Jesús dijo «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» y estas palabras no las ha podido decir nadie más. Las personas pueden decir «ya estoy aquí para ayudarte» o «no te preocupes que todo va a salir bien» pero no podemos decir y ofrecer lo que Jesús dice y ofrece.

¿Y cómo me ayuda esto a mí en mi necesidad?

Cuando Jesús dijo «Yo soy el Camino» nos está diciendo que vendrá en todo momento a nuestro lado y además nos dice que él sabe lo que estamos viviendo. Jesús nos quiere acompañar en el trayecto de la situación que estamos viviendo. Él sabe lo que pasamos porque él experimentó nuestras necesidades y sufrimientos. Jesús si puede ofrecernos verdadera empatía.

Cuando Jesús dijo «Yo soy la Verdad» nos está diciendo que su consejo es la realidad más alta que pueda existir. Todos tenemos consejos que dar pero Jesús tiene el consejo sabio para enderezar nuestro camino, tiene el consejo sabio para que abramos la puerta correcta, tomemos la decisión acertada. Su verdad no es como la nuestra, que podemos decir que tenemos cada uno de nosotros. Su verdad está muy por encima de la nuestra. Cuando aplicamos su verdad a nuestros problemas alcanzamos soluciones reales y duraderas.

Cuando Jesús dijo «Yo soy la Vida» nos está diciendo que él meterá dentro de nosotros la fuerza para levantarnos vez tras vez y podamos seguir adelante y alcanzar nuestros objetivos. Nos está diciendo que nos capacitará para encajar golpes y superar barreras y así conquistar nuestro futuro. Nos está diciendo que nos dará la valentía para enfrentar gigantes. Jesús sí que nos hace ser verdaderamente resilientes. ¿quién puede meter en nuestro corazón esa fuerza, ese ánimo, siempre y en toda situación? Jesús, que es nuestra vida.

 

Te invito a dejar de escuchar tanto ruido como nos rodea y poner más atención a lo que nos dice Jesús.

Te invito a experimentar a este Jesús.

Te invito a explorar el camino que tienes por delante dándole la mano a Jesús.

Hazlo habándole de todo tu corazón tu situación y pidiéndole ayuda. Hazlo con tus propias palabras.

Jesús nunca rechaza a nadie.

Print Friendly, PDF & Email