Dios está trabajando, ¿y tú iglesia?

Jesús dijo: «Mi Padre siempre trabaja, y yo también». (Juan 5: 17).

Jesús sigue trabajando construyendo su iglesia, él dijo: “edificaré mi iglesia” (Mateo 16: 18).

Jesús trabaja con la visión que le da el Padre Celestial. Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. (Juan 5: 19).

 

Nosotros necesitamos visión para trabajar, porque como dice Proverbios 29: 18 “ Sin profecía el pueblo se desenfrena” o “Donde no hay dirección divina, no hay orden” o “Donde no hay visión, el pueblo se extravía o se desvía”

 

 

Filipenses 2: 12, 13

“12 ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Dios está determinado a salvar y a darnos crecimiento.

Dios por su bondadosa determinación (buena voluntad) está trabajando en nosotros, para producir, hacer nacer en nosotros, para darnos, el deseo y la motivación de que hagamos su voluntad. Y también nos da el poder para hacerlo, nos ayuda a llevarlo a cabo.

Por esto el apóstol Pablo nos anima con su consejo a que nos ocupemos en nuestra salvación (que nos dediquemos, esforcemos) obedeciendo al Señor, con temor del Señor (reverencia, respeto). Más que nunca, más importante si cabe, cuando se pasan por tiempos difíciles.

Y no solo nos da palabra de ánimo sino que también ora por nosotros, convencido de que Dios es fiel en continuar su obra, Filipenses 1: 3, 4, 6 cp. Efesios 3: 14-17.

 

¿Y tú?

¿Estás convencido de que Dios quiere y está haciendo su obra en ti?

¿Te estás ocupando de tu salvación?

 

 

Efesios 4: 16 NTV “Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.”

Y Dios no solo nos da el deseo de servirle y nos ayuda para hacerlo, sino que está trabajando con nosotros capacitándonos con el poder del Espíritu Santo y con sus dones para que cada uno, ocupando su lugar y ejerciendo su función, colabore en la edificación de la iglesia del Señor Jesucristo. Hechos 1: 8; 1ª Corintios 12: 4-11; Romanos 12: 6-8.

Los primeros creyentes no dudaron de la promesa de ayuda del Señor Jesucristo y la buscaron hasta ser investidos todos de poder de lo alto.

 

¿Y tú?

¿Estás pidiendo que avive en ti el deseo de servirle?

¿Estás pidiendo su poder para hacerlo?

 

 

Hechos 2: 41, 42, 46, 47

“41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

“46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

 

El Señor también está trabajando edificando su iglesia con un movimiento de acciones conjuntas que son mucho más poderosas que por si solas individualmente. Y los primeros creyentes perseveraban en estas disciplinas espirituales.

La primera iglesia era dirigida en una sinergia divina, en un movimiento de acciones conjuntas que la hicieron crecer en todas las áreas.

Es necesario transitar hacia ser un modelo de iglesia de propósito divino, que propicie que Dios se manifieste y haga que su iglesia crezca y sea visible.

Por esto seremos intencionales en prepararnos para hacer de nosotros una generación de propósito que acompaña a Dios en su misión. Porque Dios está de misión en este mundo y nosotros somos llamados a colaborar con él.

Una iglesia que se mueve en el propósito de Dios es una iglesia que vive llena y guiada por el Espíritu Santo, que hace comunidad, adora, edifica a los creyentes, y es misional. ¡Y persevera en ello!

 

¡Nosotros también estamos llamados a perseverar en todas las áreas!

¿Estás perseverando en la lectura y meditación de la Palabra de Dios?

¿Estás perseverando en la oración particular y en la oración colectiva?

¿Estás perseverando en congregarte?

¿Estás perseverando en colaborar para la obra del Señor?

 

 

Pero también tenemos que perseverar en la “misio Dei” en la misión de Dios, en ser misionales.

Entendemos la iglesia misional fundamentalmente en tres sentidos:

-Aquella que crece y se capacita para el servicio y el liderazgo plural.

-Aquella que se moviliza hacia afuera: evangeliza, y funda iglesias.

-Aquella que ofrece ayuda y desarrollo.

 

La misión es más que llevar a cabo una actividad evangelística por unos cuantos, es englobar a todos los creyentes en la madurez y el servicio y hacer que todas las actividades apunten al propósito-misión. Es hacer de la misión un estilo de vida en los creyentes.

 

En estos tres sentidos la iglesia tiene que progresar hacia:

-La conciencia de congregación como equipo unido en la misma visión, cada uno con su función aportando para el crecimiento.

Es progresar también hacia un liderazgo plural (Efesios 4), que no solo se dedica a enseñar y cuidar sino que también se dedica a promover la misión, dar visión, y ayudar a la congregación a alcanzar su propósito. La propia congregación debe proteger al pastorado de ser absorbido solamente por las labores internas.

-La movilización hacia la misión evangelizadora, hacia la propia ciudad y hacia otras localidades.

La evangelización en su sentido completo: compartir el evangelio, discipular, que los creyentes sean llenos del Espíritu Santo, capacitarlos y enviarlos, y fundar comunidades para ser luz en sus entornos.

-Prestar ayuda al necesitado. Para esto tendremos que tomar el modelo de Jesús. Él estuvo entre la gente, y no separado de ella. Atento a sus necesidades, porque se identificaba con la necesidad humana. Y se implicaba, ofrecía ayuda.

 

 

Iglesia, estás llamada por Dios a entrar a su misión.

¿Estás dispuesta?

 

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