Discipulado Tema 5

LA NUEVA VIDA EN CRISTO, Primera parte

 

2ª Corintios 5: 17 NTV: «todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!»

Toda persona que cree en Jesucristo comienza una nueva vida. Pero ¿qué significa esto?:

 

-Primero, recordemos lo que ya hemos aprendido, que recibir la nueva vida significa que hemos sido salvados de la perdición eterna (de ir al infierno) y hemos recibido la vida eterna en el cielo.

Juan 3: 16-18 TLA: Jesús dijo: Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla.

El que cree en mí, que soy el Hijo de Dios, no será condenado por Dios. Pero el que no cree ya ha sido condenado, precisamente por no haber creído en el Hijo único de Dios. 

 

Recordemos cómo hemos recibido la salvación.

Romanos 10: 9, 10 NTV: «Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Pues es por creer en tu corazón que eres hecho justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo.» 

Recibimos la salvación cuando creemos de corazón y hacemos una oración donde declaramos que creemos en Jesús como nuestro Salvador y Señor, que murió en la cruz por nosotros y que luego resucitó.

 

–Segundo, recordemos también que hemos aprendido que recibir la nueva vida significa nacer de nuevo como hijos de Dios, Juan 3: 3-7; Juan 1: 12, 13.

Sabemos que hemos nacido de nuevo porque tenemos la certeza interior de que nuestros pecados han sido perdonados, de que nuestro destino final es el cielo y no el infierno, de que hemos comenzado una nueva vida diferente a la que vivíamos, de que somos hijos de Dios.

Es importante saber que esta nueva vida en plenitud no consiste solamente en conseguir todo tipo de bienes, porque entonces estaría reservada solamente a unas pocas personas: “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” Lucas 12: 15. Ni tampoco consiste en ausencia de sufrimientos:  “En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” Juan 16: 33.

 

 

Ahora veamos dos cambios que se producen cuando recibimos la nueva vida que Dios nos da por medio de creer en la obra salvadora de Jesucristo y recibirle como nuestro Salvador.

 

-Primero: ahora Dios es nuestro Padre Celestial.

2ª Corintios 5: 18, 19 TLA: «Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos. Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos.«

Dios ha perdonado nuestros pecados y ahora no somos enemigos sino amigos de Dios, nos hemos reconciliado con Dios, ahora estamos en paz con Dios.

Juan 1: 12, 13 NTV: «A todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.

Dios nos hace nacer de nuevo, por su voluntad, como hijos suyos. Todas las personas somos criaturas de Dios, pero las que reciben a Jesús como su Salvador son hechos hijos de Dios.

 

Hemos visto que no somos enemigos de Dios sino sus hijos, él es nuestro Padre. Y Jesús nos enseña que podemos mantener relación con nuestro Padre y recibir sus cuidados: Mateo 6: 6-15. Por medio de la oración nuestro Padre Celestial nos escucha y atiende nuestras peticiones. Ahora veamos el segundo cambio.

 

LA NUEVA VIDA EN CRISTO, segunda parte

 

2ª Corintios 5: 17 NTV: «todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!»

 

-Segundo: ¡Se ha producido un cambio, has comenzado de nuevo!

Recuerda que has recibido la salvación y has sido hecho hijo de Dios. Ahora Dios es tu Padre Celestial y puedes mantener una relación de amor con él.

 

1ª Pedro 1: 14-19. Dios es amor y porque nos ama nos ha salvado y hecho hijos suyos, pero también Dios es santo y él quiere que la nueva vida que nos ha dado la vivamos en santidad.

Esta nueva vida de santidad se encuentra en conflicto con la vieja vida que vivíamos: Vida contra muerte, Luz contra tinieblas, Verdad contra mentira, Salvación contra condenación.

 

Esto es porque por medio de la salvación en Jesús hemos sido librados del gobierno de una vida de pecado y del gobierno que el diablo (que significa adversario o enemigo) tenía sobre nosotros y hemos sido trasladados a vivir bajo el reino de Jesucristo:

“Dios nos libró del poder de las tinieblas y nos llevó al reino de su amado Hijo” Colosenses 1: 13.

 

LA VIEJA VIDA

A la vieja manera de vivir que teníamos Dios la llama vana. Era una manera de vivir que nos conducía a la condenación y que nos hacía esclavos del pecado (1ª Pedro 1: 18 a.; Romanos 6: 21-2).

Nuestra vieja naturaleza pecadora, nuestro viejo ser, quedó crucificado juntamente con Cristo para que podamos vivir la nueva vida de rectitud sin ser más esclavos del pecado, Romanos 6: 6.

A esta vieja persona le decimos NO, porque está viciada (corrompida, estropeada), y decimos SI a la nueva persona: Efesios 4: 22-24. Ahora nos despojamos de la antigua forma de pensar, hablar y hacer, y para esto contaremos con la ayuda  del Espíritu Santo que vive en nuestro interior (como veremos cuando estudiemos al Espíritu Santo), Romanos 8: 13.

 

¿Qué ocurre cuando permitimos a nuestra vieja naturaleza tomar la dirección de nuestra vida?

Sin duda que esto traerá consecuencias malas para nosotros, Romanos 8: 6.

Volveremos a ser esclavos de vicios, Juan 8: 34.

Daremos lugar al diablo, Efesios 4: 27.

Entristeceremos al Espíritu Santo, Efesios 4: 30.

Traeremos la ira de Dios, Colosenses 3: 6.

 

LA NUEVA VIDA

El Espíritu Santo nos impulsa a vivir conforme a nuestra nueva naturaleza.

Con su ayuda vamos incorporando a nuestra vida nuevos hábitos que sí agradan a Dios y nos hacen vivir la vida en plenitud, Colosense 3: 12-15; Efesios 4: 32, Gálatas 5: 22-24.

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