EL QUE LLENA EL VACÍO

Isaías 55: 1-3 NTV

1 ¿Alguien tiene sed? Venga y beba, ¡aunque no tenga dinero! Vengan, tomen vino o leche, ¡es todo gratis!

2 ¿Por qué gastar su dinero en alimentos que no les dan fuerza? ¿Por qué pagar por comida que no les hace ningún bien? Escúchenme, y comerán lo que es bueno; disfrutarán de la mejor comida.

3 Vengan a mí con los oídos bien abiertos. Escuchen, y encontrarán vida.

 

Dios quier saciar la sed de toda persona. Quiere saciar esa sed interior que nadie puede saciar.

Dios no engaña, si él lo dice él lo hará. Cuando Dios promete algo lo cumple.

 

Dios es lo que verdaderamente llena, lo que verdaderamente sacia. Dios llena con lo que verdaderamente vale la pena. Dios llena los vacíos que produce esta vida.

 

Todos buscamos algo. Buscamos para saciar nuestras necesidades. Todos buscamos nuestro bienestar, la felicidad. Y también buscamos llenar el vacío que tenemos en nuestro interior, aunque a veces no somos conscientes de ese vacío.

 

Dios sabe que buscamos. Dios nos hizo y conoce que tenemos necesidades, pero también sabe que tenemos la necesidad más grande, aunque no seamos conscientes. Esa necesidad es la necesidad de Dios.

¡Necesitamos llenar nuestro ser interior! Y eso solo lo puede hacer Dios.

 

Creemos que ese vacío lo podemos llenar con nuestros propios recursos. Buscamos personas que nos llenen, buscamos en nuestro propio interior, actividades, viajes, aún creemos que el dinero lo puede todo.

El mensaje que nos da Dios es que lo busquemos a él, porque sabe que solo él sacia de verdad.

Y Dios provee de forma gratuita.

 

A veces empleamos muchos recursos en saciar nuestra sed, y siempre volvemos a tener sed. Incluso iniciamos caminos de búsqueda que nos introducen a momentos en nuestras vidas muy complicados de los cuales hasta es difícil de salir. Buscamos, encontramos y luego seguimos vacíos y tenemos que repetir el ciclo.

 

Cuando Dios provee no es para desgastarnos ni para consumirnos, no es para esclavizarnos, es para conducirnos a la verdadera saciedad. ¡En Dios podemos confiar! Él es quien da verdadero sentido a la vida.

 

Incluso podemos estar buscando a Dios y no encontrarlo, porque no lo estamos buscando bien.

 

Jesús se encontró con una mujer en un pozo donde ella venía a buscar agua. Y Jesús le ofreció beber del agua de la vida que sacia de verdad. Aquella mujer pidió esa agua y Jesús le dijo que él es el Agua de vida que sacia la sed, que él es el verdadero Salvador de toda persona.

 

Sí, cuando creemos a Jesús y le pedimos que él llene nuestro corazón, entonces estamos recibiendo el agua viva que sacia la sed interior, nuestro vacío es llenado, nuestra vida cobra verdadero sentido.

 

Si creemos a Jesús él se convertirá en nuestro interior en una fuente de vida.

 

Sí, cuando creemos a Jesús él se convierte en nuestro Salvador, que nos salva de ir por un camino que nos puede parecer derecho pero que verdaderamente no llega a llenar por completo nuestra vida. Nos salva de ir por un camino que al final seguirá ofreciendo vacío sino que ahora para toda la eternidad; un camino que nos conducirá a la perdición eterna, a la separación de Dios para siempre.

 

Solo Jesús es la fuente de agua viva y eterna.

El es el verdadero Salvador de las personas. Él es quien da significado a las vidas y él es quien las lleva al cielo después de la muerte.

Es a Jesús a quien tenemos que buscar. Búscalo en los evangelios. Ahí encontrarás sus enseñanzas, sus poderosas obras. Ahí lo verás morir en la cruz y también resucitar de la muerte, ahí conocerás que lo hizo porque te ama. Ahí sabrás que creyendo en él recibirás su salvación, serás hecho un verdadero hijo de Dios y tendrás la seguridad de ir al cielo después de tu muerte.

 

Jesús dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por  mí» Evangelio de Juan, capítulo 14, verso 6.

 

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