ELIJO LA FE Y NO EL MIEDO

LUCAS 8: 22-25

22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. 23 Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. 24 Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. 25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

 

Nuestra vida es como una travesía en barco, en cualquier momento puede ser asaltada por una tormenta que amenace con hundirnos.

 

La cuestión es si Jesús va en nuestro barco y si nosotros creemos que él tiene poder para calmar la tormenta.

 

Una vida de fe no consiste en no haber pasado por tormentas, la fe consiste en que Jesús dice “pasemos al otro lado” y entonces creer que lo que él dice se cumple y él calmará cualquier tormenta para que lleguemos al destino predicho.

 

 

 

 

Jesús se presentó a sus discípulos después de haber resucitado y les dice “paz a vosotros”, leámoslo en Juan 20: 19, 20 “19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. 20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.”

Y ellos pasaron del miedo al regocijo. Pasaron de la desesperanza a volver a tener futuro.

Paz ¿porqué?, regocijo en lugar de miedo ¿porqué?, futuro ¿porqué?

Porque Jesús había resucitado, había vencido a la muerte, al pecado, al maligno, y al mundo. Su victoria es real, completa y aplicable a la vida. Jesús volvía a estar con ellos y por medio del Espíritu Santo no los dejaría solos.

 

Esta es una realidad en nosotros los creyentes, la certeza de que él está con nosotros. Y esta certeza no nos avergüenza porque su presencia en nuestro interior, por su Espíritu Santo, nos da testimonio de que él es verdad, él es fiel y nos ama, Romanos 5: 5.

 

Esta es una realidad para nosotros los creyentes, de que Jesús no está muerto, sino que él vive. Él ya no está en una cruz sin poder hacer nada, sino que está sentado en el trono celestial y suyos son todo el poder y la autoridad.

 

 

Elegimos tener fe y no tener miedo porque:

 

Jesús está con todo aquel que le cree y tenemos su paz y gozo, Juan 14: 18 “no os dejaré huérfanos, vendré a vosotros”; Juan 14: 16 “el Espíritu Santo está con vosotros para siempre”; (Juan 14: 27; 16: 22).

 

Por medio de nuestra fe en Jesús venceremos a la muerte e iremos al cielo a su presencia, Juan 14: 1, 2.

 

Por medio de Jesús podemos ser ayudados en situaciones límite, Lucas 8: 50 “Jesús le dijo: No temas, cree solamente”. Esta fue la respuesta que Jesús dio a un padre que se encontraba en una situación límite por causa de que su hija pudiera perder la vida.

 

Por medio de Jesús llegaremos al otro lado, podremos seguir caminando, el cumplirá lo que nos ha dicho y no habrá tempestad que nos ahogue, tenemos futuro.

 

Lo que Jesús les preguntó a sus discípulos aquel día de la tormenta es que dónde estaba su fe.

Y es que la fe se nos ha dado precisamente para esto, para afrontar las tormentas de la vida con garantía de superarlas.

¿Dónde está hoy nuestra fe?

 

 

 

Si elegimos la fe y no el miedo, él pondrá su paz en nosotros, Juan 14: 27 “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”. La paz que tenemos por la fe en Jesús es una paz que sobrepasa nuestro entendimiento y que es poderosa para quitar todo miedo y confusión.

Print Friendly, PDF & Email