Es cuestión de relación no de religión

Hoy se habla de relaciones tóxicas y las hay como hay de todo en este mundo, relaciones que nos perjudican más de lo que nos benefician.

 

Pero también hay relaciones que nos benefician y todos necesitamos esas relaciones. Hasta el mundo animal y vegetal entiende de la necesidad de este tipo de relaciones que en este caso se llaman de simbiosis; el buey y el espurgabuey, el tiburón y la rémora, el roble y el hongo, y  muchas más.

 

Las personas también necesitamos de estas relaciones beneficiosas: laborales, amistades y especialmente familiares, donde el hogar no sea un infierno.

Pero qué decir de la relación entre padres e hijos, esta es la relación más necesaria porque en ella nos va la vida, lo que seremos en el futuro, aún lo que podremos o lo que no nos atreveremos a hacer.

 

Pero el ser humano está llamado también a otra relación mucho más maravillosa, la relación con el Padre Celestial:

 

“Mirad cuanto nos ama el Padre, que se nos llama hijos de Dios, y lo somos” 1ª Juan 3: 1

 

Los evangelios recogen muchas conversaciones de diferentes personas con Jesús y el trato que dio a estas personas. Jesús invirtió tiempo, no sólo con multitudes, sino con gente de forma individual.

Jesús tiene verdadero interés por cada persona. ¡Le importamos individualmente!

Es más, mostró que conocía la realidad que cada uno de ellos estaba viviendo.

El resultado es que ofreció verdaderas respuestas, verdaderas soluciones a la necesidad de la gente.

 

Jesús mismo vivió manteniendo una relación de amistad íntima con sus discípulos y vivió en relación con el Padre Celestial, dedicó tiempo a la oración y a la lectura de las Escrituras (la Palabra de Dios).

       La vida cristiana es una cuestión de relación. Relación basada en una persona: JESUS.

       El resultado de esta relación es vida eterna en el cielo y vida abundante aquí en la Tierra, es decir de satisfacción, de propósito, de destino.

 

Relacionarse con Jesús, conocerle, indica no solo saber cosas acerca de Jesús de Nazaret. Relacionarnos con él, conocerle, nos llevará a creerle, que él es el Hijo de Dios y a aceptarle como Salvador de nuestra vida.

 

Esta es la realidad y el deseo de Dios para todos nosotros, que mantengamos una correcta relación con él.

Y para esto lo dio todo: dio a Jesucristo a morir en la cruz, y así quitar nuestro pecado, nuestra maldad, que nos separaba de él: “Todo esto es obra de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo… Es decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres” 2ª Corintios 5: 18, 19.

 

Cuando en oración y con fe, aceptamos este sacrificio que hizo Jesús por nosotros, comenzamos esa nueva, real y significativa relación con Dios como verdaderos hijos suyos:

 “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Juan 1:12.

 

Te invito a hacer una oración pidiendo a Jesús que perdone tus pecados, que te reconcilie con Dios y comiences una nueva vida como hijo/a de Dios, que te llene de fe para vivir relacionándote con Dios como tu Padre Celestial, que tenga de ti misericordia y te ayude en tus necesidades, y que te de seguridad de que el día de mañana estarás con él en el cielo.

Print Friendly, PDF & Email