¿Hacia dónde estamos caminando?

Lucas 24: 13-16, 30-33

13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.

30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén

 

 

Jesús tuvo un encuentro particular con estos dos discípulos.

Un encuentro particular y significativo por cuanto estos discípulos que caminaban alejándose de Jerusalén dieron la vuelta a su trayectoria.

 

 

Nosotros hoy tenemos que mirar con atención hacia dónde vamos.

 

-Mirar con atención significa poner atención a quien viene con nosotros, que es Jesús el Señor.

No podemos olvidar sus palabras: suya es la Iglesia y Él es quien la edifica. Nosotros somos colaboradores en la construcción de su Iglesia.

 

-Mirar con atención significa poner atención a las palabras que nos está hablando en este tiempo.

Ya Él nos avisó que el Espíritu Santo nos guiaría en su verdad y aún nos anunciaría las cosas por venir; Juan 16: 13.

 

-Mirar con atención significa aceptar la posibilidad de un cambio en el sentido de nuestro caminar.

Porque como dijo el profeta Isaías nuestros caminos pueden que no sean sus caminos (Isaías 55: 8).

Porque siempre es bueno hacer una parada y reflexionar si nuestro caminar es acorde con el pensamiento y la senda de Dios, Jeremías 6: 16.

 

 

Lo que Jesús nos dice y nos propone, siempre es para nuestra paz y bien. Por esto tenemos que estar bien atentos a los tiempos en que Jesús nos pueda estar haciendo una visita muy particular (Lucas 19: 42).

 

 

 

 

 

 

 

¿HACIA DÓNDE ESTAMOS CAMINANDO?

 

–Aquellos discípulos reconocieron a Jesús cuando les partió el pan.

Nosotros tenemos que caminar sin salirnos del fundamento de la obra de Jesús quien entregó su vida y sangre para salvarnos.

Este es el principal objetivo del evangelio: la salvación del ser humano.

Y este tiene que ser el mensaje que ofrecemos, esta es la verdadera buena noticia, que Dios ha perdonado nuestros pecados por medio de Jesucristo.

Y luego, junto con el evangelio, ofrezcamos la validez, la victoria y el poder que le acompañan.

Porque el evangelio es válido para guiarnos en la nueva vida que hemos recibido, nos conduce venciendo al mundo, y es poder de Dios para ofrecernos la necesaria ayuda en la necesidad.

Caminamos hacia el ofrecimiento de la obra salvadora de Jesucristo como la respuesta completa al ser humano.

Y caminamos hacia vivir confiados experimentando el poder de Dios en nosotros.

Aunque a algunos esto pueda parecer una locura, 1ª Corintios 1: 18 “Porque la Palabra de la cruz es locura, una tontería, a los que no creen, pero es Poder de Dios para los que creen”.

 

 

–Aquellos discípulos recibieron mientras caminaban con Jesús una compilación de las enseñanzas cumplidas en Jesucristo. Y la Palabra del Señor volvió a arder en sus corazones.

Nosotros tenemos que caminar en la decisión rotunda de edificar nuestras vidas en la Palabra del Señor.

Caminamos a ser lo que siempre hemos sido, el pueblo de la Biblia. La compartimos con otros porque la vivimos, en especial la obedecemos.

Y la leemos, le meditamos y la aplicamos no solo en el marco del culto religioso, sino en todas las esferas de nuestra vida.

Creyendo que sus promesas se cumplen y se cumplirán en nosotros como enseñó el apóstol Pablo: “Pues todas las promesas de Dios se cumplen por medio de Cristo” 2ª Corintios 1: 20.

 

 

–Aquellos discípulos se encaminaron a una aldea llamada Emaús, alejándose de Jerusalén que es el lugar donde Jesús los llenaría con su Espíritu Santo. Pero después de este encuentro con Jesús se dieron la vuelta.

No podemos, cada vez más, alejarnos de la vida en el mismo espíritu que Cristo, sino que caminamos hacia vivir llenos del Espíritu y no saturados de este mundo por atractivo que nos parezca.

Solo llenos del Espíritu Santo viviremos en plenitud la nueva vida que Jesús conquistó para nosotros, discerniendo las mentiras, capacitados para tener algo que ofrecer ante tanta necesidad y compartiendo con eficacia el mensaje del evangelio.

Caminamos hacia vidas de las que se pueda cosechar el fruto del Espíritu en medio de una sociedad en la que los valores se van deteriorando.

 

 

–Aquellos discípulos caminaron hacia el aislamiento, se alejaron de sus amigos. Y Jesús los envió de nuevo tener compañerismo.

Caminamos hacia un compañerismo que trasciende nuestra reunión semanal. Vamos más allá de estrecharnos la mano en una reunión, nos embarcamos en la aventura de caminar juntos y ayudarnos.

Somos parte los unos de los otros porque todos somos miembros del cuerpo de Cristo. Nos necesitamos unos a los otros porque a cada uno se nos ha dado una función dentro del Cuerpo.

El nuevo mandamiento es que nos amemos unos a otros.

 

 

–Aquellos discípulos se olvidaron de la misión. No era aislarse ni quitarse de en medio. Consistía en ser luz y sal, de ponerse en un lugar donde se pudiera alumbrar.

Caminamos hacia la misión que nos mandó Jesús, la de hacer discípulos. Y esto es más que invitar a un amigo al culto. Es compartir nuestra vivencia de Jesús y enseñar a otros a seguirle.

Es atrevernos a discipular con más que un conjunto de lecciones, sino acompañar al nuevo creyente y permitir que mire que como nosotros vivimos a Jesús.

 

 

 

Jesús nos está haciendo una particular visita.

Es para introducirnos en un nuevo tiempo de restauración, de alivio, y de refrigerio.

Prestémosle toda nuestra atención. Preguntémonos cual es la senda.

Y si es necesario ¡demos la vuelta!

 

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