Jesús te dice: ‘sígueme’

Mateo 9: 9-13

 

Mateo siguió a Jesús cuando lo llamó.

Pedro, Andrés, Juan y Jacobo dejando sus negocios de pesca siguieron a Jesús cuando los llamó (Mateo 4: 18-22).

Felipe también siguió a Jesús (Juan 1: 43-45).

También mujeres iban con Jesús (Lucas 8: 1-3; Mateo 27: 55, 56).

Bartimeo, que era ciego y fue sanado, siguió a Jesús (Marcos 10: 46-52).

José de Arimatea, rico, seguía a Jesús (Mateo 27: 57).

Nicodemo, un principal maestro religioso, también siguió a Jesús (Juan 19: 39).

Y mucha gente seguía a Jesús (Lucas 6: 17).

 

¿Por qué toda esta gente siguió a Jesús?

Dejemos que ellos mismos nos hablen; que sus situaciones, que sus palabras, que sus hechos, nos digan porqué siguieron a Jesús.

 

Mateo estaba enfermo y necesitaba a un médico. Estaba enfermo de sus propios errores, de sus malas decisiones, de fallarle incluso a Dios, estaba enfermo de pecado. Y Jesús dijo que solo él podía perdonar pecados y liberar de la esclavitud que producen nuestras debilidades, errores y maldades. Jesús vino a llamar al arrepentimiento a los pecadores. Solo él puede cambiarnos.

Pedro, Andrés, Juan y Jacobo vivían para trabajar, el trabajo era su mundo, aunque deseaban y eran buscadores de una vida más plena, que va más allá de lo que tenemos y nos rodea. Jesús les ofreció vida con verdadero propósito, vida abundante y en plenitud, y también la vida después de esta vida. Pedro dijo a Jesús: «A quien vamos a seguir si solo tú tienes palabras de vida eterna».

 

Felipe era un buscador de Dios, interesado en la existencia y realidad de Dios. Y en Jesús encontró la respuesta. Jesús era el Salvador esperado, la manifestación del Padre Celestial. Viendo a Jesús veía al Padre, escuchando a Jesús escuchaba al Padre, viendo y recibiendo las obras de Jesús veía las obras del Padre.

 

Las mujeres le siguieron porque recibieron respeto e igualdad como personas. Recibieron dignidad, ahora podían servir para más que para los asuntos de la casa. Fueron atendidas, incluso sanadas y liberadas de lo que nadie quería atenderlas salvo por interés.

 

Bartimeo fue sanado de su enfermedad. Toda una vida de ceguera, mendicidad y miseria hasta que sus ojos fueron sanados y abiertos. Ahora veía pero también fueron abiertos sus ojos espirituales para creer que hay un Salvador de las vidas a quien hay que seguir.

 

 

 

José de Arimatea era rico. Pero en Jesús encontró la verdadera riqueza, encontró a Aquel que te da lo que el dinero no te puede dar. Jesús hizo que las riquezas  no solo estuvieran en el bolsillo de José sino también en su corazón. José de Arimatea encontró el gozo de dar y ayudar a otros.

 

Nicodemo encontró en Jesús la Verdad. La verdad que la religión y las enseñanzas de los hombres no te pueden dar. Nicodemo fue hecho hijo de Dios y recibió la seguridad de la viuda eterna por medio de Jesús, lo que no podía haberle dado ninguna religión ni ninguna sabiduría humana.

 

La gente seguía a Jesús porque solo él podía traer soluciones a sus imposibles. Y solo Jesús les daba una palabra que también saciaba el hambre en sus corazones.

 

¡Hoy Jesús también te está diciendo a ti que le sigas!

Juan 3: 16;   Juan 10: 10;   2ª Corintios 5: 17.

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