LA INCREDULIDAD

El Señor quiere hacernos libres. Quiere hacer de nosotros una generación que avanza. Que avanzamos según la voluntad de Dios. El quiere hacernos bien.

La incredulidad puede impedir que avancemos y que recibamos todo el bien que el Señor tiene para nosotros.

Marcos 9: 19 «¡Oh generación incrédula!»

Jesús se asombra de la incredulidad de la gente. Se asombra de ver como la incredulidad de la gente puede parar el bien que tiene para hacer entre ellos.

La incredulidad puede parar todo el bien que Dios tiene preparado para darnos. Pero Jesús enseñó que para el que cree todo le es posible.

El milagro no está en pensar si Dios puede hacerlo porque nada es imposible para Dios ni tampoco es nada difícil para que Dios pueda hacerlo.

Sabemos y aún declaramos que nada es imposible para Dios, pero dudamos que en situaciones que consideramos como muy difíciles podamos recibir en el momento un milagro.

Dios quiere que confiemos en él para todos los asuntos de nuestra vida cotidiana.

 

Mateo 14: 31. La incredulidad impide que un creyente camine en victoria por encima de las tempestades. Jesús nos dijo que en la vida pasaríamos por sufrimientos, pero nos animó a confiar en él por cuanto él había vencido a este mundo. Con Jesús superamos dificultades. Cuán cerca está Jesús de nosotros pero qué lejos nos lleva la incredulidad de las bendiciones del Señor. Muchas veces el milagro está al lado pero en lugar de mirar a Jesús miramos los problemas que nos rodean y dudamos.

 

Hebreos 3: 19. La incredulidad impide que una congregación reciba el cumplimiento de las promesas del Señor. Tenemos que creer a Dios. Lo que Dios tiene para darnos se recibe por fe.

 

Hebreos 3: 12, 13. La incredulidad es una enfermedad del corazón. Es maldad que siembra el enemigo en el corazón, lo endurece, y provoca que desobedezcamos y nos apartemos de Dios. Si no nos agrada sufrir depresión que es una enfermedad del alma, ¿porqué no nos molesta sufrir de incredulidad?

La Palabra de Dios nos está diciendo «Mirad», que prestemos atención a lo que se nos está diciendo. Nos está pidiendo que tengamos cuidado con la incredulidad.

 

Tenemos dos poderosas ayudas para combatir la incredulidad.

Hebreos 4: 12. Por un lado está la Palabra de Dios, que tiene vida y poder y es eficaz. Por la Palabra de Dios recibimos fe, Romanos 10: 17.

La Palabra de Dios llega hasta lo más íntimo de nuestro ser y ahí, en el interior, sujeta nuestros pensamientos e intenciones llevándolos a la fe y a la obediencia.

 

Hebreos 4: 14-16. Por otro lado está Jesús, el Hijo de Dios, nuestro mediador y único sumo sacerdote. Por medio de Jesús podemos venir delante del trono de Dios con confianza a pedir ayuda para creer.

Jesús se compadece de nosotros, sabe el valle por el que estamos pasando, y nos ofrecerá su poderosa ayuda.

Por medio de Jesús alcanzamos favor de Dios.

 

Tenemos una poderosa ayuda en la Palabra de Dios y tenemos una poderosa ayuda en Jesucristo. ¡Vayamos al altar para salir de la incredulidad y entrar al terreno del bien de Dios!

¡¡¡Dios sana nuestro corazón de incredulidad!!!

Print Friendly, PDF & Email