LLAMADOS A SER FIELES

Hebreos 3: 1-14

 

Por medio de Jesucristo hemos sido hechos casa de Dios, pueblo suyo, 4, 6.

Dios nos está construyendo.

Hay un camino de Dios para que caminemos por el, este camino es su voluntad para nosotros, 10 c.

 

 

Es porque Dios tiene un camino para nosotros que tenemos que escuchar su voz, poner nuestra atención a lo que él nos habla, necesitamos su voz, su guía, su dirección, 7.

Y no debemos cerrar nuestro oído a su voz, no debemos endurecer nuestro corazón, 8 a.

De la misma manera que Jesús, nuestro Salvador, fue fiel a la voz de Dios, nosotros también estamos llamados a ser fieles a su voz, 1, 2 a.

 

 

Si cerramos nuestro corazón a la voz de Dios, se abrirá a otras voces y comenzará a vagar por otros caminos que no son la voluntad de Dios, 10 b.

Cerrar nuestro corazón a la voz de Dios es abrirlo a la incredulidad, 12. Y la incredulidad terminará por apartarnos de la fe verdadera, de la salvación, de Dios.

Cerrar nuestro corazón a la voz de Dios es ponerlo en manos del pecado, es debilitar nuestra capacidad para defendernos del pecado y exponernos para que nos afecte, 13.

Cerrar nuestro corazón a la voz de Dios servirá para que nuestro oído tenga cada vez menos capacidad de oírle y fallemos en el objetivo que Dios puso para nuestra vida.

 

 

Dios tiene promesas para cumplir en esta generación de su pueblo, 11. Esto es lo que Dios quiere y tiene para nosotros. Pero nuestra dureza e incredulidad nos pueden llevar a un sin sentido y terminaremos por caminar en el desierto, 9 b, 11.

Un remedio contra la incredulidad es recordar las obras que Dios ya ha hecho en nuestro favor, 9 b. Recordar cómo Dios fue fiel.

Otro remedio contra la incredulidad y el engaño del pecado es animarnos unos a otros con palabra de Dios, 13.

Y darnos testimonio unos a otros de cómo Dios nos ayudó.

 

 

4: 11-13. Acudamos a la Palabra de Dios para que nos ilumine, examinando nuestros pensamientos e intenciones y limpiándonos de toda incredulidad.

4: 14-16. Y en el Nombre de Jesús que se compadece de nuestra debilidad, acerquémonos, limpiados, al trono de Gracia y Misericordia para recibir la ayuda oportuna.

 

 

       Así podremos continuar siendo fieles al Señor.

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