MANTÉN TU LÁMPARA ENCENDIDA

Lucas 12: 35

Jesús dijo “Yo soy la luz del mundo” y el día que cada uno dijo a Jesús quédate a vivir en mi interior, él encendió la luz de la vida en nosotros.

Sí, ese día comenzamos a vivir la nueva vida que Jesús da a aquellos que le creen y le reciben como Salvador.

Una nueva vida como hijos de Dios, como hijos de Luz.

Una nueva vida que irá creciendo y desarrollándose en plenitud y propósito, hasta que llegue el momento de nuestra despedida de este mundo para ir con él al cielo.

Sí, nuestra lámpara se encendió.

La buena noticia, si tu luz no se ha encendido, es que Jesús dijo “yo estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre yo entraré” Y todo el que le abre, su vida es llena de su maravillosa luz.

Pero una vez encendida esa luz de vida no se debe dejar consumir hasta que se apague. Tenemos que mantener nuestra lámpara encendida. Jesús nos está llamado a perseverar en nuestra fe en él.

La buena noticia es que él prometió que no apagaría al pabilo que humeare. Él va ayudarte a mantener tu luz encendida.

Jesús nos está llamado a perseverar en nuestra fe en él, porque sin fe en él nadie llegará a la meta.

Él mismo nos dice que sin fe no podremos agradar a Dios, es decir sin creer que existe no podremos quedar a su lado. Así que sea que nos toca partir de esta vida o sea que Jesús viene a recoger a los creyentes para llevarlos al cielo, toca seguir creyendo, toca mantener nuestra lámpara encendida.

La fe en Jesús tiene un incalculable valor. Él nos dijo “¿De qué le vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”

Como creyentes debemos de saber que donde esté nuestro tesoro allí estará nuestro corazón. Y si queremos que la luz permanezca encendida entonces nuestro principal tesoro tiene que seguir siendo Jesús.

Jesús nos está llamado a perseverar en nuestra fe en él, porque sin fe en él la esperanza pierde eficacia.

Podemos seguir diciendo yo creo, pero la esperanza puede que se esté apagando y realmente ya no esperamos que Jesús pueda intervenir en nuestro problema.

Sin una fe encendida, que arde, no podremos recibir su poderosa ayuda en las muchas dificultades que salpicarán nuestra vida.

Jesús ayuda a quienes le creen y le buscan, es decir a los que se atreven con la posibilidad del milagro.

El evangelio de Marcos nos cuenta cómo aquel padre cuyo hijo moría pedía a gritos a Jesús si podía hacer algo. La respuesta de Jesús fue que si le podía creer, y aquel hombre ahora gritó pidiendo ayuda para vencer su incredulidad. Al momento su hijo fue salvado.

Si queremos recibir su poderosa ayuda en nuestra necesidad toca seguir creyendo, toca mantener nuestra lámpara encendida.

Jesús nos está llamado a perseverar en nuestra fe en él, porque sin fe en él caminaremos perdidos, sin rumbo.

Necesitamos consejo, dirección, saber qué hacer, tomar decisiones sabias y oportunas. Porque el camino de la vida a veces nos presenta encrucijadas, otras trampas, y otras se oscurece y no vemos nada.

Jesús dijo que aquella persona que le siguiera, que le creyera, tendría la luz de la vida y no andaría en tinieblas.

Cuando las tormentas tapan el cielo y no podemos ver las estrellas necesitamos que alguien nos marque el rumbo, y ese sin ningún lugar a dudas es Jesús.

Jesús nos está llamado a perseverar en nuestra fe en él, porque sin fe en él no podremos alumbrar a otros.

Jesús dijo que una lámpara no se pone debajo de una cama o se tapa, sino que se pone en alto para que alumbre a todos.

El que tiene luz tiene que ponerse al frente para iluminar el camino. El que ha creído en Jesús tiene que llevar la luz de la vida y de la esperanza a los que la necesitan.

¡Si tienes la luz de Jesús entonces tienes algo que dar!

PERO PARA QUE UNA LÁMPARA SE MANTENGA ENCENDIDA LE HACE FALTA ACEITE.

¿Cómo mantengo mi lámpara encendida?

Poniendo cada vez aceite.

El aceite es símbolo del Espíritu Santo, de la relación con Jesús.

Es necesario llenar nuestras lámparas de aceite por medio de la oración y de la Palabra.

Ahora, más que nunca, en medio de esta alarma e incertidumbre, es tiempo de fortalecer tu tiempo de oración y con la palabra de Dios.

ES TIEMPO DE PONER ACEITE EN TU LAMPARA Y MANTENERLA ENCENDIDA.

 

 

 

 

 

 

 

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