PAUSA PARA REFLEXIONAR EN LOS FUNDAMENTOS

No hay agenda con citas, no hay reuniones ni predicadores invitados, no hay retiros ni congresos.

No hay un templo al que ir y al que llevar a un familiar o amigo.

No podemos estar congregados unos al lado de otros, orando, poniendo nuestras manos sobre los enfermos, escuchando un mensaje y unas alabanzas en directo.

 

¿Qué nos queda? Nos queda una pausa. Y digo una pausa porque este momento va a pasar y temprano o tarde entraremos a un nuevo escenario.

Tenemos una pausa para reflexionar, reflexionar en las cuestiones que son verdaderamente fundamentales. Porque es tiempo del único cimiento seguro y de la única edificación perdurable. Dice así la Palabra del Señor:

1ª Corintios 3: 11, 12, 13 “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edifica… la obra de cada uno se hará manifiesta… y será probada”

Nos queda una pausa para echar buenos fundamentos y edificar como conviene y así estar preparados para lo que viene.

Ahora no es cuestión de nuestras actividades. Es cuestión de Dios, por tanto nos queda el verdadero fundamento que es Jesucristo. Es verdad que como creyentes que somos siempre miramos a Jesucristo, sabemos que él es el único fundamento, pero ahora tenemos que fijar nuestra mirada en él, no podemos desviarla ni a un lado ni al otro y así correr la carrera que tenemos por delante.

 

¿Qué nos queda? Nos queda Dios, su amor y bondad, su santidad, su fidelidad, su voluntad que es perfecta, su poder que nos conviene que se haga efectivo para salvar en nuestro mundo, su palabra que no pasa y sus promesas que ciertamente se cumplirán.

Si antes edificábamos conforme a lo que venía a nuestra mano, ahora preguntamos ¿cómo lo vamos a hacer Señor? Y oramos más que nunca “Venga tu reino, se haga tu voluntad” ¡Cuánto necesitamos escuchar su voz que nos diga el camino a seguir! Isaías 30: 21 “tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda”

 

¿Qué nos queda? Nos queda el fundamento de nuestra relación con Dios.

Relación que es fuente y sostén de nuestra vida eterna, plena y abundante. Con razón Jesús nos enseñó que nos metiésemos en nuestro cuarto y allí estaríamos con nuestro Padre Celestial y desde allí manaría la fuente divina de  toda provisión, Mateo 6: 6 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”

Ahora nuestra fe no podemos hacerla depender de un culto;  ahora nuestra fe no podemos hacerla depender de un mensaje que recibimos cada domingo; ahora, más que nunca, depende de nuestra relación personal con Dios, de nuestra dedicación a la oración y a la Palabra. Si antes podíamos vivir nuestra fe sostenidos por una congregación vibrante, por un pastor o predicador fervoroso, ahora dependemos mucho más de nosotros mismos.

 

¿Qué nos queda? Nos queda el fundamento de la presencia del Espíritu Santo y nuestras experiencias reales y poderosas con él. Cuan reales se van a hacer ahora las palabras de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que nos dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” Juan 14: 16. Es tener fe en que recibiremos su compañía, su consuelo, ayuda y sus milagros sin más intermediación.

 

¿Qué nos queda? Nos queda el fundamento de la obra de Dios. Ahora que nuestros medios y formas han quedado reducidos es cuando debemos decir “Dios, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer” (Habacuc 3: 2), pero también decir “Ayúdame a avivar mi fuego”. Porque si el Señor no está edificando, en vano entonces estamos nosotros construyendo (Salmo 127: 1).

 

¿Qué nos queda? ¡Nos queda Dios! Ahora sí tenemos que dar un fuerte ALELUYA.

 

 

 

Quiero dirigirme a ti que nos haces tus primeras visitas en este canal:

Dios te ha dado una pausa, no física sino del alma.

Porque es cierto que muchos están trabajando muy duro y exponiendo su vida, a los que tenemos que estar muy agradecidos

 

Pero esta pausa es del alma, para reflexionar en lo que de verdad importa.

 

En las relaciones, en la esperanza, en la vida.

Pero también en lo trascendente, en si hay vida después de la vida, en si hay Dios, en cómo tener una experiencia real y trascendental con él.

 

La muerte no es el final.

No es el final porque quedan las fotos, los vídeos;

Porque quedan los hechos, las palabras;

Porque quedan los momentos vividos;

Porque quizás quedó de él escrito en la historia por lo que hizo.

 

Pero la muerte si es el final.

Si es el final porque el que se fue ya no está,

Y nosotros no le tenemos, quizás querríamos menos recuerdos y tener presente al familiar amado.

Pero si es el final porque también nosotros temprano o tarde tendremos que dejar este mundo.

 

Entonces lo que nos queda es acudir a la única fuente de verdadera eternidad, esa fuente es Jesucristo y su obra salvadora.

 

¿Porqué Jesús?

Porque es el único que venció la muerte y por tanto sabe llevarnos, después de ella, al cielo.

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre (al cielo) sino por mí” Juan 14: 6.

 

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