¿QUÉ PERFUME TE PONES?

2ª Corintios 2: 14-16

 

“14 Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. 15 Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; 16 a estos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?”

 

Somos grato olor de Cristo. Somos el aroma de Cristo. Nuestras vidas son la fragancia de Cristo..

El cristiano tiene que oler a Cristo.

A Pedro, los religiosos de su época que le persiguieron por su fe en Jesús, cuando le interrogaron y oyeron con la sabiduría con la que hablaba, le reconocieron que había estado con Cristo.

¡Pedro olía a Cristo!

 

 

Y tú ¿a qué hueles?

¿A qué huele Cristo?

 

-Cristo huele a verdad.  Mateo 22: 16 “Y le enviaron los discípulos de ellos … , diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios”

 

-Cristo huele a esperanza. Juan 6: 68 “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”

 

-Cristo huele a perdón.  Lucas 7: 44-48 “dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.”

 

-Cristo huele a compasión. Marcos 10: 46, 47 “Bartimeo el ciego … estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!

 

-Cristo huele a justicia. Juan 8: 10, 11 “10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.”

 

 

Y tú ¿a qué hueles?

 

El cristiano está llamado a parecerse a Cristo, ¡a oler a Cristo!

Estamos llamados a apartarnos de toda maldad.

 

Y la realidad es que, quizás a alguna persona podamos engañar, pero a Cristo no podemos engañarlo porque Cristo nos conoce.

Eso dice Juan 2: 25, que Jesucristo conoce el interior de cada persona: sus pensamientos, sus actitudes profundas, su voluntad.

 

No podemos esconder esta realidad interior al Señor. El Salmo 139: 1-4 dice

1 Oh Señor, tú me has examinado y conocido.

2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;

Has entendido desde lejos mis pensamientos.

3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,

Y todos mis caminos te son conocidos.

4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,

Y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda.

 

Esta es nuestra realidad ante el Señor: que él examina lo que somos y nos conoce, no en lo externo sino en lo interno, porque es ahí donde somos lo que verdaderamente somos.

Y el Señor juzga nuestra intenciones. Jeremías 17: 10 “Yo soy el Señor, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.”

 

Y el Señor quiere que nos examinemos a nosotros mismos para ver si nos parecemos a Cristo, si olemos a Cristo. Y nos advierte de que la maldad nos contamina (Mateo 7: 21-23).

1ª Corintios 11 31, 32 “Si nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.”

 

Al examinarnos a nosotros mismos, somos limpiados de aquello que no se parece a Cristo y no recibimos la desaprobación del señor y evitamos las consecuencias que puedan acarrearnos nuestras maldades.

 

Examinarnos delante del Señor significa no encubrir nuestra maldad, nuestro pecado, sino confesarlo y cambiar de actitud. Y debemos de hacerlo sabiendo que es el propio Señor quien nos limpia y nos hace libres.

De lo contrario estamos engañándonos a nosotros mismos y la verdad del Señor no está en nosotros lo que pondría en peligro las bendiciones del Señor y aún la propia salvación.

1ª Juan 1: 8-10

“8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”

 

Recibamos el llamamiento que nos hace el Señor:

2ª Timoteo 2: 19 “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.”

 

¡Apartémonos de toda maldad!

Que el perfume que nos pongamos sea Cristo.

Olamos a Cristo

 

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