TRANSFORMADOS PARA QUE CAMBIEN LAS COSAS

Hechos 1: 3-8

3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. 4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

 

Son muchas las ocasiones en las que esperamos que las cosas cambien.

Pero los que primero tenemos que cambiar somos nosotros.

 

Si nosotros cambiamos, cosas pueden cambiar. Si nosotros cambiamos, haremos cosas distintas a las que hacíamos y entonces obtendremos resultados distintos y las cosas cambiarán.

 

Los discípulos esperaban un cambio externo, en la situación de su país. Jesús les propuso un cambio interno.

 

Aunque Jesús tiene el poder para intervenir en cualquier situación y de hecho en respuesta a nuestra oración en línea con su voluntad así lo hace, él dijo que su reino no es de este mundo.

Su reino viene al corazón del que le cree, y aquella persona que le cree es transformada en una nueva persona. Y ciertamente muchas situaciones que rodean a la nueva persona cambian porque ella cambió.

 

Quizás los discípulos solo oraban para que las cosas cambiaran y Jesús les mandó a orar para ser llenos del Espíritu Santo y producir el cambio en ellos.

 

Y no solo esperamos que las cosas cambien, sino que pedimos a Dios que intervenga, y sea él quien cambie las cosas.

Y ciertamente Dios interviene, él no ha dejado de trabajar como nos enseñó Jesús.

Pero también está buscando hijos suyos transformados:

 

-para ser receptores de sus bendiciones, Marcos 2: 22

“Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.”

 

 

 

-para ser receptores de su voluntad, Romanos 12: 2

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

 

-y para ser portadores de su poder y ser usados en cambiar las cosas, Hechos 1: 8

“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”

 

Este mismo pasaje nos enseña que dos instrumentos usa Dios para efectuar en nosotros los cambios: su Palabra, verso 3; y a su Espíritu Santo, verso 8.

 

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