VENID A MI

En esta vida recibimos muchas llamadas que intentan atraer nuestra atención. Este mundo está lleno de publicidad, de reclamos.

 

         Mateo 11: 28 «Venid a mí todos los que lleváis cargas pesadas y estáis agobiados, y yo os haré descansar»

Jesús siempre está extendiendo su invitación a toda persona.

Jesús está en todo lugar haciendo su invitación, aún en aquellos lugares donde no se quiere a Dios.

No importa a qué persona y no importa en que situación.

 

Y es la invitación más maravillosa que pueda recibir una persona, porque el que te está llamando no tiene límites.

Jesús nos ayuda a llevar las cargas de la vida.

Cuando vamos a Jesús y le entregamos nuestra carga él nos da alivio, nos da descanso.

Porque todos necesitamos que alguien nos de una mano, todos necesitamos en algún momento una ayuda.

 

Pero Jesús también quiere darnos alivio en una carga que llevamos, que podemos no ver pero que está.

Es la carga de la condenación.

Jesús ya llevó el peso de la condena por nuestro pecado cuando murió en la cruz para que nosotros recibiéramos la liberación, el perdón.

Ahora no nos pide que depositemos sobre él nuestras cargas sino que nos pide que depositemos sobre él nuestra vida.

 

También dijo:

«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba» Juan 7: 37.

Está hablando de la travesía de la vida, de la sed que produce. Porque la vida agota, desgasta, nos deja necesitados.

Y Jesús quiere darnos de beber, quiere que recuperemos el aliento, quiere devolvernos lo que vamos perdiendo por el camino.

 

Pero también quiere devolvernos la vida en el sentido más amplio. Quiere devolvernos la vida que permanece después de la muerte, la vida eterna.

Esa vida también la hemos perdido en el camino por causa de nuestro pecado, es decir vivir sin tener en cuenta a Dios.

Cuando vamos a Jesús no solo nos revive allí donde nos hemos secado sino que nos da también vida eterna.

 

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