VERDADERA ESPIRITUALIDAD

Marcos 10: 45

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

 

Mientras que los discípulos habían estado enzarzados en la discusión de quienes serían la mano derecha del Señor,

Jesús aprovechó para enseñarles de la verdadera espiritualidad, les enseñó el verdadero sentido de su misión: servir, dar su vida.

Y les dejaba claro que si ellos aceptaban su misión entonces tendrían que estar dispuestos a cambiar su forma de ver el éxito espiritual.

Verdadera espiritualidad no es un puesto, un cargo.

 

 

La verdadera espiritualidad tiene un componente extático y tiene un componente misionológico, un componente privado y otro comunitario, de servicio.

 

La espiritualidad se origina en la comunión con Dios, en la quietud, en el ámbito de lo privado con el Padre Celestial.

En nuestras vivencias con Dios, cuando le escuchamos, le experimentamos, es decir cuando traslada  a nuestro ser su palabra, su obra, su voluntad. Ya sea poniendo en nuestra mente un pensamiento o una imagen, dándonos un impulso para hacer algo, transmitiéndonos un don, o tocándonos de forma milagrosa.

 

Pero la espiritualidad así originada tiene que expandirse a la acción en favor de otros para completarse como espiritualidad verdadera.

Leemos en Marcos 1: 35, 38, como Jesús pasó tiempo en oración, en comunión con su Padre Celestial, pero luego dijo rotundamente a sus discípulos “vamos a predicar”.

 

Toda acción hacia otros, si pretendemos vestirla de espiritual, a debido de nacer en Dios, sernos comunicada por Dios, sólo así tendrá efecto divino en la gente, Juan 12: 49, 50; Juan 5: 19. Jesús dejó siempre claro a sus discípulos que sus palabras y sus obras eran las que les había dado el Padre.

 

 

 

La verdadera espiritualidad no es exclusivamente monástica, en el sentido de que se basa solo en estar apartado en comunión con Dios.

Pero tampoco es exclusivamente pragmática, saturada de actividades, y carente de comunión y doctrina.

 

 

Como enseñó Jesús en Juan 15, el que está unido a él lleva fruto, pero separados de él nada podemos hacer.

 

Hay una unión necesaria para que haya un fruto y sin esa unión no podemos hacer nada.

Pero debido a nuestra unión con Jesús, si es cierta, si es verdadera, entonces tiene que haber un fruto,

Porque si no hay fruto, entonces esa unión con él es dudosa.

 

 

Jesús les dejó claro a sus discípulos que la misión era servir y una vez resucitado y antes de ir al cielo les envió a pasar tiempo en oración hasta ser investidos de poder de lo alto.

Luego de este tiempo y esta investidura de poder divino es que tendrían que salir a serle testigos.

 

No salgamos a hacer la obra de Dios, sea con palabras o con hechos, sin haber pasado tiempo en nuestro cuarto con el Espíritu Santo de Dios.

 

Pero si pasamos tiempo en la intimidad con Dios, luego no nos quedemos parados, salgamos a este mundo a darle a conocer al Dios verdadero que ofrece vida en plenitud y esperanza.

 

Verdadera espiritualidad es comunión con Dios y servicio a la gente.

 

 

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